El granjero y el limonero

Comenzar Leé para una niño

Había una vez un grupo de granjeros vecinos que eran muy pero muy amigos y buenos compañeros. Como eran tan amigos resolvieron cierto día armar una huerta y entre todos compartir las tareas y la cosecha. El primer árbol de la huerta fue un limonero, para hacer té en el invierno y limonada en el verano. Entusiasmados con la idea, eligieron un hermoso lugar en el jardín de la vecindad para plantarlo.

Todos cuidaban el limonero y colaboraban con el trabajo para que creciera sano y fuerte. Esperaron y esperaron hasta que una mañana aparecieron los primeros limones. José, uno de los granjeros del lugar, fue el primero en descubrirlos. Sin decir una palabra corrió a su casa en busca de una cesta para llevárselos todos, pues pensó que con tantos limones podría hacer muchos kilos de dulce de limón.

Pronto, varios vecinos vieron lo que José estaba haciendo. Preocupados se acercaron hasta el limonero y uno de ellos le dijo:
—¡No está bien lo que estás haciendo! El limonero es de todos y debemos compartir sus frutos, pues para eso lo plantamos aquí.
Pero José siguió completando su cesta sin prestarle atención.

Así continuó hasta que quitó del árbol el último limón del limonero. Entonces quiso levantar la cesta para llevarla a su casa y cocinar el dulce, pero ¡no pudo hacerlo! La bolsa era demasiado pesada y aunque José intentó con todas sus fuerzas no se movía. Intentó levantarla otra vez y otra y otra, pero de tanto forcejear, la bolsa se rompió. Los limones rodaron por el piso y los vecinos que miraban desde lejos a José rápidamente se acercaron para cada uno llevarse algunos. Al final, José fue el único que se quedó sin limones y, además, sin el derecho de pisar la huerta.

Aprendimos que...

La codicia rompe el saco

Esta moreleja nos enseña que por querer tener más de la cuenta podemos perderlo todo.

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