El gato que no compartía nada

Comenzar Leé para una niño

Había una vez una gata que tuvo siete hermosos gatitos de color blanco y negro, una mezcla de los colores que tenían ella y su esposo. Sus hijos vivían inventando miles de juegos y compartían sus juguetes. Pero Bubi no compartía.

Los juguetes preferidos de los pequeños gatitos eran unas pelotas de lana enormes de todos los colores. Se divertían tirándolas bien alto, bien alto, para que llegaran al cielo. O bien lejos, bien lejos, y corrían a buscarlas. Todos jugaban juntos pues compartían sus pelotas de lana, menos Bubi que se quedaba en un rincón con su bola de lana amarilla.
—Ven a jugar con nosotros —le decían sus hermanitos.
—No, esta pelota es mía y no la comparto con nadie —respondía Bubi.

Así sucedía todas las tardes. Hasta que cierto día Bubi tiró lejos su pelota de lana sin darse cuenta de que un hilo había quedado enredado en su patita. A medida que la bola giraba, se iba deshilachando y haciéndose más y más pequeña. Cuando por fin Bubi la alcanzó, ya era demasiado tarde, había desaparecido y solo quedaba un largo hilo amarillo en el suelo.

Bubi se quedó sin su juguete y miró a su alrededor. Allí estaban sus hermanos compartiendo decenas de pelotas multicolores. De a poquito se fue acercando para jugar. Y se divirtió como nunca. Así aprendió que los que comparten siempre tienen más diversión, juguetes y amistades.

Aprendimos que...

Lo mío es tuyo y lo tuyo es mío

Esta moraleja nos enseña que es importante compartir nuestras pertenencias.

¡Hey! Para mejorar tu experiencia debes rotar el dispositivo...