La cebra sin rayas

Comenzar Leé para una niño

Había una vez una cebra llamada Yolanda, que vivía junto con muchas familias de cebras en una pradera. Todas ellas podían andar libremente por donde quisieran, pero sabían que no podían cruzar ciertas zonas porque eran peligrosas. Pero Yolanda era bastante rebelde y siempre quería ir para donde no se podía.

Un día se cruzó con un grupo de ponis blancos, que estaban corriendo felices por la zona prohibida de la pradera. Se acercaron a ella y la invitaron a sumarse. La cebrita dijo que no, porque no se lo permitían.
—No debo cruzar más allá de aquél árbol —explicó.
Entonces uno de los ponis propuso:
—¿Por qué no te pintas de blanco? De esa forma ocultarás tus rayas negras, parecerás uno de nosotros y podrás correr por donde te plazca.

—No me parece correcto —dijo dudosa Yolanda.
—Nadie se dará cuenta —insistió uno de los ponis.
—Es una sola vez —agregó otro.
—Nosotros no diremos nada —dijo el último.
Por fin lograron convencerla, y Yolanda pintó sus rayas negras de blanco y salió a correr. Pasó por delante de todas las cebras y ninguna dijo nada.

Corrió por todos lados, y jugó toda la tarde hasta que, ya cansada, se tropezó y cayó al suelo. Los ponis asustados no intentaron ayudarla y se fueron corriendo. Dolorida y sola Yolanda debió volver hasta su casa. Cuando llegó, no tuvo más remedio que contar la verdad.
—Pero fue culpa de los ponis, ellos insistieron en que lo hiciera —dijo Yolanda.
—Agradecemos tu sinceridad, pero debes hacerte responsable por tus actos, ellos solo te dieron la idea, tú aceptaste —respondió la mamá.
Yolanda estuvo en penitencia por una semana y aprendió una importante lección.

Aprendimos que...

Que cada palo aguante su vela

Esta moreleja nos enseña que cada cual es y debe hacerse responsable de sus actos.

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