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El bosque podía parecer oscuro y peligroso, pero Caperucita Roja lo recorría dos veces por semana para llevarle comida a su abuelita. Es que su abuelita vivía lejos del pueblo, en un claro rodeado de árboles.

Pero un día, en el camino, se encontró con una figura entre las sombras. Era un lobo, que la saludó y le preguntó:
—¿A dónde vas tan contenta?

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