El burro porfiado

Comenzar Leé para una niño

Había una vez un burro llamado Walter. Walter era muy inteligente, por eso siempre pensaba que sabía mucho más que los demás. Él siempre creía que tenía razón y nunca daba la pata a torcer, por eso prefería estudiar y trabajar solo. “Yo siempre tengo la razón, no preciso ayuda ni consejos de nadie”, repetía con frecuencia, y terminaba diciendo: “trabajando solo las cosas salen mejor”.

Un día, decidió caminar hasta la ciudad, balde en boca, en busca de agua fresca. En el camino, se encontró con su amiga la jirafa Beatriz, que vivía en el parque zoológico de aquel pueblo.
—Estás tomando el camino más largo y con más obstáculos —le dijo su amiga mientras estiraba el cuello para ver por encima de los árboles—, desde aquí veo cual es el mejor camino. Yo te guiaré.
—Yo no veo ninguna dificultad por delante: mi camino es el mejor —respondió el burro y se marchó.

Así el burro Walter, que de verdad no daba la pata a torcer, continuó por el camino que él pensaba que era mejor. Pero, en medio de su caminata, pisó un arbusto lleno de espinas, abrojos y hojas puntiagudas y filosas. De un salto salió disparado del dolor.

Ya con vendas en sus pobres patitas, Walter decidió tomar el consejo de su amiga la jirafa Beatriz y le pidió ayuda. Para su sorpresa, no solo no corrió ningún peligro, sino que llegó más rápido a su destino.

Aprendimos que...

Cuatro ojos ven más que dos

Esta moraleja nos enseña que es importante pedir consejos, la visión de otra persona nos ayuda a tomar mejores decisiones.

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